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jueves, 23 de abril de 2009

IGLESIA Y POLITICA?


Difícilmente en las últimas décadas se había visto a un Presidente más creyente y devoto que Álvaro Uribe Vélez, quien no pierde ocasión para rezarle y pedirle 'ayuditas' extras a cuanto santo, virgen o beato importante hay en Colombia. Verlo arrodillado casi en éxtasis religioso frente al cuerpo del padre Marianito, o rezando en la capilla privada del Palacio Arzobispal de Bogotá el año pasado, a donde fue para aceptar la mediación del cardenal Pedro Rubiano en el choque de trenes con la justicia, son algunas de las miles de imágenes que demuestran la religiosidad del mandatario. Y si a ese fervor se le unen sus posiciones conservadoras frente al aborto, la penalización de la dosis mínima o el 'gustico' antes del matrimonio, entre otras, difícilmente la Iglesia católica tendría a un mejor aliado en el poder desde la Hegemonía Conservadora.
Por eso, muchos quedaron sorprendidos cuando los dos más altos jerarcas de la Iglesia, el presidente de la Conferencia Episcopal, Rubén Salazar, y el cardenal primado de Colombia, Pedro Rubiano, aprovecharon el fervor de la Semana Santa para pedirles a los colombianos reflexionar sobre los peligrosos efectos que una segunda reelección de Uribe tendría sobre la democracia, la institucionalidad y el futuro del país.De todas las voces que se habían escuchado contra la reelección, ninguna se había convertido en una carga de profundidad como la de la Iglesia. En un lenguaje conciliador, sin ataques personales y manteniendo siempre el respeto por el Presidente, monseñor Salazar sorprendió con su claridad en Pascua al decir que "vale la pena que el país piense en una segunda reelección… si como democracia le conviene a la Nación modificar la Constitución de acuerdo con las coyunturas políticas y personales. No estamos discutiendo si el gobierno Uribe es válido o no, si hay que respaldarlo en nuevo programa o no. Es un debate que se debe despersonalizar y salirse del dilema: No Uribe, sí Uribe".La posición del presidente de la Conferencia Episcopal abrió varios debates y muchas preguntas, aunque no logró mover un milímetro al muy católico ministro del Interior, Fabio Valencia, quien respondió que en la Iglesia los períodos son de por vida.El primero debate es si la Iglesia le estaba pasando una cuenta de cobro al Presidente. Sin duda, a pesar de la religiosidad de Uribe, las relaciones entre el gobierno y la Iglesia no han sido las más cercanas. Dentro de la complejidad de esta milenaria institución, es claro que la llegada de Uribe ha generado diferencias.Por un lado, un grupo de obispos y religiosos ha apoyado al Presidente y a muchos de sus programas, en especial la seguridad democrática y la lucha contra el terrorismo. Incluso el mismo cardenal Rubiano, quien ha sido tildado de uribista, apoyó la reelección del Presidente en 2006. El otro sector, que critica a Uribe, es el que en buena medida ha tenido que sobrellevar y acompañar con sus comunidades los efectos de sus siete años de gobierno, pues ha soportado hombro a hombro el drama de los desplazados, los efectos del conflicto, los rigores de la pobreza o el drama de los falsos positivos, entre otros. Además de tener una mirada en el terreno del mandato de Uribe, la Iglesia ha tenido que mantener un equilibrio frente a un gobierno que por un lado comparte muchos de los principios y valores, pero que por el otro la ha castigado al disminuirle su papel en la educación pública y al ignorar sus clamores por el intercambio humanitario o un diálogo de paz.Precisamente para refrescar las relaciones con el gobierno, el cónclave de los casi 90 obispos del país escogió el año pasado a monseñor Rubén Salazar como nuevo presidente de la Conferencia Episcopal. Pero la seguidilla de declaraciones que dio de las últimas semanas este prelado de 66 años, teólogo, filósofo y gran organizador, llevó de nuevo a esta institución a marcar distancia con el gobierno. Además, dejaron en claro que las preocupaciones de la Iglesia siguen en contra de lo que quieren las mayorías del país.El gobierno entendió que lo mejor era mantener un silencio prudencial luego de la salida en falso del Ministro del Interior y tras las críticas de algunos uribistas que piden a gritos la separación de la Iglesia y el Estado y que aquella no tenga injerencia en política. "El Presidente y su familia siempre han sido respetuosos de la Iglesia y sus jerarquías, y por eso prefiere no entrar en choque, así sea algo que no le sirve ni le conviene ni a la Iglesia, ni al gobierno ni al país", dijo una alta fuente de Palacio.El mensaje de monseñor Salazar contra la permanencia de Uribe en el poder, como reconoce Héctor Fabio Henao, secretario general de la Conferencia Episcopal, "no fue preparado por la plenaria de los obispos ni ha sido discutido, pero ha tenido acogida y ha generado interesantes discusiones" en una institución que tiene credibilidad, prestigio y una red que llega a todos los rincones del país. Para el periodista y ex sacerdote Javier Darío Restrepo, en las declaraciones de Salazar "no hay cálculo político, ni tiene nada que perder ni que ganar. Es uno de esos inamovibles que se han elevado en la Iglesia, que como el derecho a la vida, está dispuesto a defender en contra de las mayorías". El veterano periodista añadió que la Iglesia, tras un largo maridazgo con la autoridad en América Latina, incluidos presidentes, militares autócratas y dictadorzuelos, ha aprendido que no hay nada que atente más contra el bien común que un hombre que quiera aferrarse al poder. "Así lo ha hecho en la Venezuela de Chávez, lo hizo contra el popular gobierno de Alberto Fujimori en Perú o para frenar a Ferdinand Marcos en Filipinas", concluyó Restrepo. Y lo mismo ha pasado en otros momentos de la historia del país, cuando el mismo Pedro Rubiano caracterizó a la presencia de dineros del narcotráfico en la campaña de Ernesto Samper como un elefante al que nadie vio, o cuando el cardenal Crisanto Luque decidió deslegitimar el gobierno del general Gustavo Rojas Pinilla y ser un factor determinante en su caída. El otro gran problema que plantean las declaraciones de los jerarcas es el debate sobre la intervención en política de la Iglesia, algo que siempre ha existido en América Latina y en Colombia, como advierte el historiador y experto en la Iglesia colombiana Ricardo Arias. "Hay que tener claro que no es lo mismo que la Iglesia hable y trabaje en la 'Política', con mayúscula, que es lo que hace al buscar la paz, la justicia social o la no reelección, o que termine apoyando a cualquier programa o candidato político como ocurría hace mucho tiempo. Y las declaraciones de los jerarcas se enmarcan en la gran política". Hasta ahora, ni el Congreso ni ningún partido ni un líder político había logrado plantear la conveniencia o no de la segunda reelección sin caer en la trampa maniquea de ser tildado de uribista o antiuribista. De ahí que varios ex presidentes, como Andrés Pastrana y Ernesto Samper, se sumaron en público a la discusión luego de las manifestaciones de la jerarquía. Ni la Iglesia se va a oponer de pies y manos al referendo, ni va a sacar el trapo para hacer campaña, pero sin dudas es el más duro contendor que hasta ahora le ha salido a la reelección. Aún es muy pronto para saber si se mantendrá en el tiempo esta posición, pero en el Palacio de Nariño deben estar recordando las palabras del Quijote, quien tras superar tantas adversidades y a punto de encarar una nueva, le dice a su fiel escudero con temor: "Con la Iglesia topamos, Sancho".
TOMADO DE WWW.SEMANA.COM

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